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El Parc del Port reconfigura el entorno urbano del puerto en un espacio resiliente, intergeneracional y concebido como refugio climático mediterráneodel puerto
Durante años, la ciudad de Tarragona vivió de espaldas a uno de sus grandes tesoros: el mar. La reconversión del Moll de Costa en un espacio urbano abierto a la ciudadanía supuso un punto de inflexión, ya que se empezaron a romper las barreras que durante años la separaban de su fachada marítima. A lo largo de estos 40 años, el Port ha ido aportando espacios, desde los Tinglados al rompeolas, que se han consolidado hasta convertirse en uno de los principales ejes del ocio, la cultura y el deporte de la ciudad. El éxito de esta apuesta —que queda reflejado en cifras como las cerca de 144.000 personas que participaron en las actividades que se llevaron a cabo en los distintos equipamientos del Moll de Costa— podría tentarnos a acomodarnos. Pero el conformismo no forma parte de nuestro ADN. En la Autoridad Portuaria de Tarragona, mantenemos vivo el compromiso con nuestro entorno, buscando qué ámbitos podemos mejorar para reforzar el encaje entre el puerto y la ciudad.
Actualmente, estamos iniciando una transformación de los espacios urbanos del Port con un doble objetivo: ofrecer más y mejores espacios para la ciudadanía e impulsar un nuevo paradigma basado en el urbanismo sostenible. Entendiendo el urbanismo sostenible como un enfoque de diseño de espacios públicos habitables, inclusivos, eficientes y resilientes a largo plazo. Partiendo de este planteamiento, el primer gran proyecto que hemos emprendido ha sido la creación de una zona de bajas emisiones en el entorno de nuestras sedes, en la cual priorizamos a los peatones y ciclistas y limitamos la presencia de la movilidad rodada. El emblema de esta zona de bajas emisiones es el nuevo Parc del Port, una gran zona verde que actuará como refugio climático y, al mismo tiempo, como rótula que mejorará la conexión entre el Moll de Costa, el Paseo Marítimo, el km0 —conocido como el Paseo del Faro— y la Part Baixa.
El proyecto en cifras
La intervención que estamos llevando a cabo afecta a un área de 30.000 metros cuadrados y la hemos dividido en tres fases. Las fases 1 y 2, que ya están finalizadas, se centraron en la reordenación del tráfico viario. Antes de que empezaran los trabajos para la creación de esta zona de bajas emisiones y del Parc del Port, los automóviles eran los grandes protagonistas del espacio que envuelve las dos sedes —administrativa e institucional— de la Autoridad Portuaria. Había una gran glorieta, más de un centenar de plazas de aparcamiento y una ordenación que priorizaba la circulación de vehículos. Así pues, el primer reto al que nos enfrentamos fue el de pacificar este entorno, para devolvérselo al peatón.
Las intervenciones en las fases 1 y 2 del proyecto supusieron la reducción del 65% del espacio dedicado a la movilidad a motor. En este sentido, cabe destacar que hemos pasado de 13.600 m2 destinados al coche a solo 4.600 m2. Todo este espacio recuperado lo hemos podido dedicar a los dos grandes protagonistas del proyecto: las personas y las zonas verdes. Hemos incrementado en un 44% el espacio dedicado a la movilidad de peatones y ciclistas, pasando de 10.000 a 14.500 m2. Pero donde vemos un cambio más destacado es en el incremento de las zonas verdes, que han aumentado un 65%, pasando de 7.000 m2 a 11.500 m2.
La presencia de la movilidad rodada se ha reducido al máximo con la idea de convertir el entorno de la APT en una zona de bajas emisiones. (Fuente: Autoridad Portuaria de Tarragona).

Justamente, ahora nos encontramos desarrollando el final de la fase 3. Esta parte del proyecto supone la construcción como tal del Parc del Port, creando una gran plaza en la zona central, que articula la movilidad y permite el acceso a los edificios de la APT; un paseo hacia el Rellotge del Port —un antiguo reloj modernista, que es un emblema arquitectónico del entorno portuario tarraconense—; una escalinata que permitirá salvar más fácilmente el desnivel existente entre el entorno de las sedes y el Moll de Costa; y un bosque, que se convertirá en un nuevo pulmón verde para la ciudad, en una ubicación excepcional, justo al lado del mar, y en un espacio donde antes reinaba el asfalto.
Este planteamiento evidencia que lo que popularmente ya se conoce como el Parc del Port es mucho más que la creación de una zona verde. De hecho, se trata de un proyecto innovador, gracias a su dimensión ambiental, pero también a su dimensión social y urbanística.
El proyecto se encuentra en su tercera y última fase, que implica la creación del parque en sí y la plantación de numerosos árboles y plantas. (Fuente: Autoridad Portuaria de Tarragona).


Un entorno adaptado a la nueva realidad climática
Cuando hablamos de la dimensión ambiental que tiene este proyecto, hacemos referencia a dos aspectos cruciales en la nueva realidad climática en la que nos encontramos inmersos. Los cambios en nuestro clima, que se traducen en un aumento significativo de las temperaturas y un incremento de los fenómenos meteorológicos adversos, con olas de calor más largas e intensas, episodios de lluvias torrenciales o periodos de profundas sequías, nos obligan a plantear los nuevos espacios verdes desde el prisma de la resiliencia. Por este motivo, hemos tenido claro desde los inicios del proyecto que este nuevo espacio tiene que funcionar como un refugio climático. Pero no solo eso. Sino que además tiene que ser un entorno adaptado a las particularidades de nuestro clima. Aunque dicho así parezca una obviedad, lo cierto es que solo tenemos que dar una vuelta por muchas ciudades mediterráneas para observar que sus zonas verdes realmente no están adaptadas a su realidad climática.
Construir un espacio natural urbano que actúe como refugio climático es esencial para afrontar los retos de las ciudades ante el calentamiento global. En primer lugar, la presencia de vegetación reduce el efecto isla de calor urbana, ya que los árboles y las zonas verdes aportan sombra y evapotranspiración, disminuyendo en varios grados la temperatura local en días calurosos. Además, estos espacios mejoran la calidad del aire filtrando contaminantes y reteniendo partículas en suspensión, hecho especialmente intenso en zonas con tráfico intenso.
Asímismo, los refugios climáticos como el que será este nuevo parque también ofrecen puntos de hidratación, bancos a la sombra y accesibilidad para personas vulnerables, convirtiéndose en un espacio seguro durante las olas de calor. A todo esto, hay que sumarle que estos espacios verdes contribuyen al bienestar físico y mental, ya que proporcionan un entorno fresco y natural que reduce el estrés térmico y fomenta la actividad saludable. Paralelamente, las zonas verdes adaptadas al cambio climático como el Parc del Port incorporan Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). Estos sistemas reducen el riesgo de inundaciones y favorecen la biodiversidad urbana, ya que permiten la infiltración del agua al suelo imitando el ciclo hidrológico natural.


La presencia de vegetación reduce el efecto isla de calor urbana y convertirá el Parc del Port en un refugio climático. (Fuente: Autoridad Portuaria de Tarragona).
Nuestro objetivo es el de llevar la naturaleza al espacio público, para que los ciudadanos puedan observar el paso de las estaciones. Esta es una mentalidad poco explorada hasta ahora en los grandes proyectos verdes en ciudades. Tradicionalmente, se ha priorizado el verde perenne, a menudo con contradicciones respecto al clima de cada región. De hecho, es bastante habitual encontrar en un mismo espacio palmeras datileras propias de climas desérticos y césped, característico de climas húmedos.
La selección se ha llevado a cabo pensando en todos los estratos, desde los árboles hasta las arbustivas más pequeñas. En el caso de los árboles, los hemos seleccionado con la idea de combinar especies de hoja perenne con otras de hoja caduca, lo que nos garantizará sombra en verano e infiltración solar en invierno. Algunos ejemplos son el pino piñorero (Pinus pinea), el tamarindo (Tamarix gallica), el almez (Celtis australis) y el olivo (Olea europaea). Respecto a las arbustivas, hemos buscado diversidad de dimensiones, colores y temporadas de floración, para crear una riqueza visual y de texturas. Entre las especies seleccionadas encontramos el lentisco (Pistacia lentiscus), el mirto (Myrtus communis), el romero (Rosmarinus officinalis), la lavanda (Lavandula angustifolia), así como zonas de sembrado con prado mediterráneo.
En el diseño de los espacios verdes, se ha incluido un jardín de mariposas. Esta zona consiste en un espacio diseñado específicamente para atraer, alimentar y proteger a las mariposas en sus distintas fases de vida. Incluye plantas nectaríferas (para los adultos) y plantas hospedadoras (donde las orugas pueden alimentarse y crecer). Estos jardines favorecen la biodiversidad, ayudan a conservar especies locales y crean un entorno natural y estético donde observar de cerca a las mariposas.
Urbanismo intergeneracional
Ahora bien, un parque no es únicamente un espacio verde. Es, ante todo, un entorno dedicado a las personas y, como tal, tiene que concebirse desde una perspectiva social. Los parques son puntos de encuentro que ayudan a reforzar la cohesión social si se diseñan con criterios de urbanismo intergeneracional. Este concepto hace referencia a la creación de espacios públicos pensados para que personas de todas las edades puedan convivir, interactuar y disfrutar de manera segura e inclusiva. El urbanismo intergeneracional pretende superar la segregación por edades y fortalecer los vínculos entre la infancia, la juventud, la adultez en todas sus etapas.

Contar con una zona infantil dentro de la zona con más vegetación ofrece bienestar tanto a los niños y niñas que jueguen en ella como a los adultos y mayores, ya que les resguarda a todos del sol. (Fuente: Autoridad Portuaria de Tarragona).
Este planteamiento conecta con el concepto 8-80, creado por el urbanista canadiense Gil Peñalosa, que afirma: “If everything we do in our public spaces is great for an 8-year-old and for an 80-year-old, then it will be great for people of all ages”. El principio es sencillo, pero potente: si un espacio es seguro, accesible y agradable para una persona de 8 años y para una de 80, será adecuado para todo el mundo. Esta filosofía refuerza la idea de que el espacio público tiene que ser inclusivo, polivalente y pensado para la vida urbana saludable, fomentando la convivencia y el aprendizaje mutuo entre generaciones.
Todas las iniciativas de Puerto-Ciudad que impulsamos desde la Autoridad Portuaria de Tarragona buscan acercar el puerto al máximo número de personas y lograr que la ciudadanía se lo haga y sienta como suyo. Así pues, el concepto de urbanismo intergeneracional encaja plenamente con nuestra filosofía de acercamiento y apertura social.
Para lograr un espacio público intergeneracional, hay que incorporar zonas y usos diversos que respondan a necesidades distintas pero complementarias. Uno de estos elementos son las áreas de juegos infantiles, que tienen que estar cercanas a las zonas de sombra, para que tanto mayores como pequeños puedan encontrar refugio del sol. En nuestro caso, la zona infantil se encontrará integrada en el bosque, pero también cerca de los viales perimetrales del parque, lo que facilitará su acceso. Otro elemento del urbanismo intergeneracional son los caminos accesibles y los bancos ergonómicos para personas con movilidad reducida, que se pueden combinar con espacios para caminar o realizar actividad física de intensidad leve. Nuestro parque dispondrá de múltiples zonas de asiento —muchas de las cuales ya están instaladas—, así como de un trazado de senderos que facilitará el movimiento dentro del parque y hacia el exterior.
A todo esto, hay que sumarle la necesidad de contar con zonas abiertas y polivalentes para llevar a cabo actividades comunitarias, como talleres, conciertos o eventos deportivos que favorecerán el vínculo colectivo. En el Parc del Port este elemento queda totalmente representado por la Plaça de l’APT, que funcionará como un gran distribuidor, facilitando el acceso a las sedes y actuando como elemento central. Los espacios intergeneracionales también requieren tanto zonas tranquilas con vegetación y puntos de agua para el descanso y la socialización —pensados especialmente para las personas mayores— como elementos lúdicos y deportivos, que puedan ser utilizados por adolescentes y adultos, como por ejemplo circuitos de calistenia como el que colocaremos en el Passeig del Rellotge.
Ser nexo de unión
Aparte de sus funciones ambientales y sociales, el Parc del Port está diseñado para promover la cohesión de varios espacios urbanos. Su ubicación, entre el Moll de Costa y el paseo marítimo de la playa del Miracle, lo convertirá en una rótula amable que facilite la transición entre varios espacios de la fachada marítima. Para lograrlo, el proyecto ha incluido la creación de una gran escalinata, donde antes se situaba un muro del dique de Llevant. Abrir este nuevo acceso cambiará radicalmente el acceso a las sedes de la Autoridad Portuaria, integrándolas con el Moll de Costa. De hecho, uno de los extremos de la escalera está totalmente alineado con el cantil del Moll de Costa, generando una visual impactante que refuerza esta idea de conexión fluida entre espacios.

La escalinata es una de las intervenciones más notorias del proyecto y es clave, ya que reordenará la movilidad peatonal de toda la zona. (Fuente: Autoridad Portuaria de Tarragona).
La nueva escalinata es uno de los elementos centrales desde el punto de vista urbanístico, ya que no solo supondrá un gran cambio en la movilidad y la estética de este entorno, sino que conceptualmente representa esta voluntad de apertura del Port hacia Tarragona y su entorno. Esta mejor interconexión de los espacios se reforzará con la mejora del paso subterráneo de la Plaça dels Carros. Al principio de este artículo, explicaba que la apertura del Moll de Costa a la ciudad permitió romper una barrera —la que creaba el puerto— entre Tarragona y el mar. Pero lo cierto es que la ciudad sigue teniendo una barrera que no permite que la transición entre el entorno urbano y marítimo sea fluida: la vía ferroviaria. Justo al lado de la conexión entre el Moll de Costa y del futuro Parc del Port se encuentra un paso que permite salvar la vía del tren, uniendo ciudad y fachada marítima. Actualmente, estamos trabajando codo a codo con el Ayuntamiento para mejorar este paso, y conseguir que este nexo sea más eficiente y amable.
Un nuevo punto de referencia para la ciudad
La creación del Parc del Port, junto con la intervención que ahora mencionaba en el paso de la Plaça dels Carros y el proyecto de transformación de la Part Baixa de la ciudad que está emprendiendo el Ayuntamiento conseguirán atraer aún a más gente hacia la fachada marítima y los entornos portuarios de Tarragona. La ciudad, por su estructura extensa, se entiende por hitos y puntos de referencia que recorren distancias de manera lineal. Uno de los hitos más conocidos es ir al Balcó del Mediterrani “a tocar ferro”, una expresión tarraconense que hace referencia tocar la barandilla de hierro de este espectacular mirador al Mediterráneo situado en el extremo de la Rambla Nova, una de las principales arterias de la ciudad. Otro de los hitos de los tarraconenses es llegar hasta la Catedral.

La transformación del entorno de la APT permitirá poner en valor el reloj modernista que se ubica justo al lado; un elemento de alto valor histórico y arquitectónico, que forma parte de la ruta patrimonial del Port.
Ahora, con la creación del Parc del Port, nos gustaría que el Rellotge del Port se convirtiera en un nuevo hito y que los tarraconenses, cuando salgan a dar un paseo, se propongan llegar hasta el Rellotge. Conseguirlo sería uno de los mayores logros derivados de esta transformación urbanística y sostenible que estamos acometiendo.
Tanto la dimensión ambiental como la social y la urbana de este proyecto persiguen un objetivo final que no es otro que ofrecer un retorno a la sociedad. Como puerto, creemos que nuestro deber no es solo el de permitir la circulación de mercancías y generar cadenas de valor que estimulen económicamente nuestra área de influencia, sino que estamos convencidos de que debemos implicarnos con nuestro entorno y ayudarlo a mejorar. El Parc del Port responde a este propósito. Con él, aportamos nuestro granito de arena a mejorar los espacios urbanos de nuestra ciudad, creando un entorno resiliente, intergeneracional y sostenible, del que disfrutaremos nosotros y las generaciones futuras. Y es que el mejor árbol es aquel que se plantó hace 20 años, y el segundo mejor árbol es el que plantamos hoy.
IMAGEN INICIAL | El Parc del Port está transformando el entorno de las sedes de la Autoridad Portuaria de Tarragona en una gran zona verde. (Fuente: Autoridad Portuaria de Tarragona).